Denise Corales

Sep 1 • Historias de Tinta • 6517 Visitas

Nacida entre el arte debido a sus padres músicos, Denise Corales no podía renegar de su sangre y convertirse en alguien más que no fuera una artista. Dueña de la peluquería alternativa “Queens Hair Shop” con ya 7 años de vida, esta creadora de originales looks y sicóloga plástica ha logrado cambiar el paradigma de la estética común en un país demasiado cuadrado y gris, en el cual ha aportado color e igualdad entre sus clientes, atendiendo a abuelitas muy clásicas y al mismo tiempo a niños haciéndose mohicanos o chicas tiñéndose el pelo de colores. Por supuesto, dentro de esta poca convencionalidad como estilo de vida, Denise desde muy chica asumió que su piel no debía tener un sólo tono sino que sería de colores. A continuación su historia de tinta y el camino que ha tenido que recorrer para llevar a cabo su cometido.

 

 

“Cuando tenía 14 años comencé con los tatuajes, porque tenía una vecina que era más grande que yo y que tenía tatuajes. Yo la verdad lo encontré alucinante, entonces mi mamá me dijo “bueno, si te portas bien te puedes hacer uno”, entonces me quedó en la cabeza eso, me porté muy bien y mi mamá me acompañó con un permiso notarial para que me pudieran tatuar. Cuando el tatuaje estaba listo fue raro porque no llegué con ese fervor que muchos tienen del primer tatuaje de “quiero tener otro mañana!”, sino que mis tatuajes se fueron dando más que nada para conmemorar una historia, para marcar determinados momentos de mi vida sin necesariamente que tengan un significado impresionantemente profundo, sino que al contrario, hay muchos que tengo simplemente porque me gustan y porque los quiero, al igual que con otras cosas que quiero y puedo tener. Este primer tatuaje fue un “triskel” muy chiquitito en el brazo, del porte de una moneda, pero ahora está cubierto no porque lo odiara sino que necesariamente porque no combinaba con la manga que comencé a hacerme años después. Pablo Berrios fue mi tatuador en ese entonces y de forma muy profesional me concientizó de lo que significaba hacerme un tatuaje, junto a la implicancia de tenerlo por toda la vida, cosa que sinceramente muchos tatuadores poco profesionales no hacen ahora, y por ende tenía muy claro el compromiso que yo estaba tomando con ese tatuaje, así que no fue ese el motivo del porque me hice el cover up a los años después.

El segundo tatuaje me lo hice a los 16 años y me hice un gato-tribal súper ordinario, que en ese momento me encantaba (jajaja). El siguiente fue a los meses después y me hice otro gatito en honor a una mascota que amaba y que había muerto hace poco y que me dejó algo traumada, así que decidí inmortalizarlo con Marlon Parra y ahí dije “mucho gato, estamos con eso”. Después me hice un graffiti con mi nombre en la espalda porque empecé a pintar en la calle. De ahí comencé con mi manga con Arturo Sobarso y me hice el pecho cuando terminé de estudiar peluquería.

 

 

Después de eso fui cambiando un poco de gustos y de gente, me fui involucrando mucho más en el mundo del tatuaje por medio de amigos y conocidos que estaban en eso, lo que me permitió ir descubriendo diferentes cosas y lograr tener una colección de tatuajes bastante entretenida y bien hecha, sin riesgos sanitarios ni nada de eso. Yo creo que finalmente los tatuajes que uno termina odiando es netamente porque te lo hiciste con alguien que no estaba capacitado para tatuar y que por ende tiene como resultado un mal tatuaje, con malos trazos y mala higiene. Por lo mismo es importantísimo que hayan leyes más específicas en cuanto a los tatuajes porque al igual que en la peluquería, necesitas gente capacitada para hacer estos trabajos.

Cuando empecé a trabajar, decidí dejar un poco la tinta en stand by mientras me acostumbraba al rubro y lo conocía. Pasé por un par de peluquerías en las que ya no lo empecé a pasar muy bien por el tema de la discriminación en cuanto a los tatuajes, los piercings y al pelo de colores poco común, así que renuncié y trabajando en mi casa empecé a ahorrar y junto a otra persona que conocía junté fuerzas y pusimos “Queens Hair Shop”. Ella luego de 6 meses se retiró, por lo que yo quedé a cargo total de la pelu mientras trataba de unir al mundo que odiaba a la gente que se ve como nosotros con la gente que se ve así, cuando precisamente era mucho mayor la discriminación pues no había tanta gente con muchos tatuajes y de forma tan visible. La discriminación llegaba a tal punto que las personas en la micro se cambiaban de asiento cuando estaban al lado tuyo o incluso te paraban en la calle y te amenazaban diciendo que te matarían, era horrible una situación realmente fea, así que cuando abrí “Queens Hair Shop” empecé a contratar a todo tipo de gente, chicos, grandes, gordos, con tatuajes y sin, porque me daba lo mismo la apariencia ya que sólo me importa que hagan bien su pega y listo, así que logré hacer un equipo en el cual hubiera de todo mientras que a su vez pudiéramos atender a todo tipo de gente y lo logramos.

Entre medio de todo eso volví a la tinta para hacerme un arrecife de coral lleno de peces en la pierna que tampoco tiene un gran significado más allá de que me encantan los peces. Posteriormente en el otro tobillo me tatué el nombre de un tío que falleció de forma muy triste y me lo hice en esa zona netamente para poder mantener los pies en la tierra y para darme cuenta de que esas cosas pasan y no hay que tomarlas a la ligera si estás ad portas de ellas, que hay que estar más atento en cuanto a tus seres queridos.

Mi mamá hace 6 años se hizo un tatuaje para tener algo en común conmigo, porque al tener 2 hermanos músicos tiene ese link con ellos y conmigo no era así, así que sintió que era una forma de unirse a mí. El tatuaje son dos corazones amarrados con una cinta con el nombre de mi hermana y el mío, muy tradicional y le encanta su tatuaje. Se dio cuenta que eso que fue muy discriminado también se refleja en lo que le pasó a ella hace 20 años atrás con su música en “Agua Turbia”, entendiendo también que su misma generación es bastante más abierta en este momento.

 

 

Ahora tengo a un tatuador fijo que es Cósmiko y que me gusta en lo particular porque su trabajo es impecable y abarca muchos tipos de estilos, desde lo más actual como cosas geométricas y lineales hasta el full color. Sigo tatuándome porque me gusta, no porque quiera que la gente me ande mirando en la calle mientras llamo la atención por los tatuajes que tengo, si se me ven se me ven pero eso no significa que me esté exponiendo en una vitrina. Mi piel es de colores, no de sólo un color, no hay que buscar tanto significados, simplemente es así. Antes te fijabas en cuántos amigos tuyos tenían un tatuaje y ahora es al revés, piensas en cuántos de tus amigos no tienen uno… y empiezas a cachar que las nuevas generaciones son así, son de colores.

Hay que ser sinceros con uno mismo también en cuanto a que esto es una decisión que quieras o no tiene consecuencias, está claro que te limita el estar tatuado lamentablemente ante la opción de trabajar en otros lugares, pero siento que es una opción que uno toma teniéndolo súper claro y prácticamente porque no te gusta lo habitual. No somos ex convictos, ni maltratados por nuestros padres, no somos drogadictos, mis papás siguen casados y bueno cuesta pensar que te pueden discriminar por algo tan tonto, pero pasa y hay que saber llevarlo. Igual en mi rubro es mucho más común que allá gente distinta, porque estás creando y jugando con los looks para que el resto de la gente se vea y sienta bien, es parte casi de ser un “sicólogo plástico”.”

 
 
Por Dana Riffo
 

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