Rodrigo Panzardo, Piercer

Oct 15 • Historias de Tinta • 1572 Visitas

A sus tan sólo 20 años, Rodrigo Panzardo puede decir que tuvo lejos de las mejores escuelas en cuanto a bodypiercing al haberse radicado sus últimos 14 años entre Barcelona, Madrid y Tarragona por asuntos familiares. Este uruguayo de nacimiento y perforador de profesión pese a tener un próspero futuro en lo que era su pasión, tuvo que abandonarla debido a una enfermedad neurológica al nervio óptico por mala alimentación, la cual con posterioridad le ha provocado una disminución paulatina de la visión, obligándolo a dejar su profesión como piercer y poniendo a prueba sus capacidades para el futuro. Pero pese a esto, su amor e ímpetu por el arte corporal ha resaltado dentro de estos 8 meses que lleva establecido en Chile, en donde ha continuado tatuándose y disfrutando del arte corporal en otros aspectos. De sus historias y amor por la tinta es de lo que nos cuenta a continuación.

 

 

“La verdad, es que los tatuajes que han tenido significado me han venido después. Siempre he pensado que el que te guste una cosa ya es un significado, porque en una parte de tu vida si algo te ha gustado, es un motivo de sobra para no arrepentirte en otro momento de habértelo tatuado. Creo que nadie tiene tantas historias como para tatuarse todo el cuerpo con narraciones de su vida, a no ser que tenga una vida muy movida. Cada cual con su tema. No recuerdo con cuál seguí luego del búho, pero si no me equivoco fue una cabra un poco loca y es una especie de imagen de mí mismo (jajajaja). Luego me hice este de Pokémon que ha representado toda mi infancia. Ese me lo hice a los 18 años. Después de esos, comencé a agarrar más vuelo y tatuarme más, siguiendo con el tatuaje del cuello que es muy la identificación de lo que soy, se me ve como un tigre por fuera pero en verdad soy un peluchito por dentro. Además el tatuaje es muy tierno y creo que es lo que más me gusta de él (jajajaja).”

 


 

“Cuando comencé con el rostro fue por algo puntual y partí con éste que dice “Vendetta”. La historia dice así: Me enamoré de mi mejor amigo a los 16 años y con quien compartí esa amistad durante 2 años, yendo a comer a su casa y haciendo todo con él, como dos mejores amigos héteros sin que él supiera nada. Una vez en una fiesta le intenté pegar, por tratar de desquitarme de todo lo que estaba guardando al no confesarme y me dejó de hablar por eso. Para mí fue muy doloroso, me quería morir porque me dejó de hablar. El haber querido pegarle fue una venganza por él no quererme a mí y quise tatuármela en la cara para no volver a utilizar nunca más en contra de nadie. Por ahora me ha resultado, me he vuelto una persona mucho más cauta y tranquila. Luego de eso, continúe con el rayo de mi pómulo, que sinceramente es porque no me gustan los rayos, me dan mucho miedo las tormentas (jajaja). Pero lejos el tatuaje que más historia tiene en mi cara, son los números romanos, un cinco y un veinte, pero no le quise poner nada en medio porque iba a parecer una fecha concreta. El cinco es por el día en que nació mi perro que falleció, un Chow Chow llamado Spunky, y el veinte es por el día que nació mi perro de ahora que se llama Rocco y que también es un Chow Chow.”

 


 

“En la actualidad me estoy haciendo el brazo con Pirata acá en Santiago (Chile) con el link de Zelda. Aún no está acabado, ya que le falta el color. Bueno, a propósito de lo mismo acá atrás tengo a Sonic, es que soy muy gamer (jajaja). Después me quiero tatuar algo de Mortal Kombat, pero eso todavía no, quiero informarme bien con qué tatuador hacerlo y esperar un poco pués tengo recién 20 años y con calma que tengo mucha vida por delante.”

 
 
Por Dana Riffo / Fotos Fanux Barraza / Transcripción Cami Avendaño
 

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