Andrés Cruces

Jul 10 • Tatuador de la Semana • 3877 Visitas

Cuando existe un sueño el único que puede volverlo realidad es uno mismo, simplemente estando enfocado en lo que se quiere lograr. En este caso Andrés Cruces es un fiel reflejo de aquello, al ser paciente y perseverar hasta el final con el fin de convertirse en un tatuador de tomo y lomo. El observar y compartir fueron parte clave de su aprendizaje, lo que nos cuenta Andrés a continuación junto a lo positivo que puede conllevar encauzarse en esos importante puntos para el mundo del tatuaje.

 

¿Qué te motivó a ser tatuador? Yo tenía 17 años y estaba en el colegio, siempre había dibujado y me empezó a llamar mucho la atención el tema del tatuaje porque lo encontraba súper lindo, aún más por el hecho de plasmar algo tuyo en la piel y se volvió muy significativo para mí en ese momento. A esa edad no tenía idea de nada con respecto al tatuaje, ni de máquinas ni nada, era muy niño y si te acercabas a una tienda de tatuajes a preguntar algo nadie te respondía nada sencillamente, eran todos muy herméticos. Viendo videos de tatuajes en internet y otros en los que te explicaban cómo armar las máquinas para tatuar, fui aprendiendo un poco. Justo en esa época salió el programa “Miami Ink“ que un par de veces vi y trataba de entender un par de cosas, pero al final no entendía nada porque realmente no mostraban mucho del proceso en sí y se enfocaban sólo en la historia del cliente que iba a tatuarse y ya, hasta que un día empecé a probar sólo con las máquinas, cachaba que había que ponerles una biela y nada más (jajaja). Al tiempo después, comencé a tatuarme los brazos con Nishinja y cuando tenía sesiones con él aprendía bastante, porque me hacían sentido muchas cosas que él hacía e igual yo le preguntaba un par de cosas tratando de no aburrirlo con mis preguntas infiltradas (jajaja) porque él también sabía que yo quería aprender a tatuar, así que ahí veía cómo lo tenía que ir haciendo, el ponerle elástico y un pedazo de nova en la parte de la biela para que quedara bien ajustada y detalles de esa índole. Así partí.

 

¿Hace cuánto tiempo que eres tatuador? Este año voy a cumplir 9 años tatuando.

 

¿Quién fue tu maestro? Como contaba, comencé siendo autodidacta y los primeros 3 años, fue un periodo en el que estuve constantemente corriendo en círculos y tatuando muy poco, porque no sabía prácticamente nada e iba adquiriendo conocimientos netamente por el ensayo/error. Al tiempo logré realizar líneas más sólidas pero tampoco como yo quería que salieran. Fue muy frustrante ese comienzo para mí, en verdad lo pasé mal y varias veces pensé en dejar de tatuar y dedicarme a otra cosa, porque me gustaba mucho el dibujo y también pensaba en estudiar algo relacionado para poder aplicarlo luego al tatuaje.

Tatuaba muy poco y en paralelo trabajaba en otro lado, entonces me quedaba muy poco tiempo para poder practicar al 100% y debía velar por mi seguridad económica. Pese a que yo era chico y a mis papás no les gustaba el tema del tatuaje, yo tenía claro lo que quería lograr. Incluso tenía que tatuar en mi casa y un par de veces lo hice precisamente cuando mis viejos no estaban (jajaja). Mi mamá empezó a ceder cuando se dio cuenta que igual percibía ingresos que me podían ayudar a solventar los gastos básicos que me permitían seguir progresando al comprar mejores tintas, agujas y luego una máquina mejor.

Luego de un tiempo fui a la tienda de Raghupati en Santo Domingo, a quien conocía porque un amigo mío se había tatuado con él y porque también había sido aprendiz de Nishinja. Pasé a preguntar por una máquina y justo él tenía una en venta, era una máquina súper antigua con un chasis no muy bonito (jajaja) pero realmente buena, incluso aún la tengo. De ahí conseguí un shader con el Seba Fernández. Esas fueron mis 2 máquinas ya decentes y con materiales mejores al seguir tatuando sientes claramente la mejoría. En eso ya a fines del 2009, me metí a estudiar Ilustración en la Arcos y paralelamente estuve trabajando en una tienda de tatuajes en el centro de Santiago y ahí, fue donde conocí mejor al Jaco Abarca por la cercanía que tenían nuestras tiendas. Me quedaba dibujando con él y el resto de los chicos pasando harto tiempo juntos. Después de eso me salí de la carrera de Ilustración porque pese a que mi intención al inscribirme en ella era mejorar mi técnica de dibujo, la carrera no estaba a la altura de lo que yo necesitaba en ese minuto. Con eso comencé a dedicarme de lleno al tatuaje.

 

¿Cuál fue tu primera máquina? Como aún estaba en el colegio en esa época, me fui al Eurocentro y vi un kit de tatuaje de los típicos muy barato en la Ritual, así que junté la plata y me lo compré. Ese kit venía con la máquina, una biela suelta, una aguja suelta y había que llegar a soldarlas y todo el tema. Después de eso me compré una fuente de poder terrible de ferretera (jajaja) y con eso empecé.

 

 

¿A quién o qué fue lo primero que tatuaste? El primer tatuaje que hice fue a mí mismo y fueron unas flores, fue un desastre porque no use elástico ni nada, porque no tenía idea y la aguja saltaba a todas partes. Clavé y clavé y quedó lo que pudo quedar (jajaja). Luego empecé a tatuar a una novia que tenía en ese tiempo y de ahí a amigos para seguir practicando.

 

¿En qué estilo de tatuaje te especializas? El estilo que a mí siempre me había gustado desde que yo empecé a tatuar era el tradicional y me dediqué a hacerlo bastante para simplificar mi dibujo y así, se pudiera entender en la piel. Junto a esto también me gustaba en tradicional oriental, pero me costó mucho tiempo entenderlo y tuve que estudiarlo durante casi 3 años mientras seguía tatuando tradicional para poder aplicarlo.

Cuando comencé a hacerme la espalda completa con Freddy Ampuero, nos acercamos y comenzó a mostrarme muchas cosas sobre el tatuaje japonés y gracias a eso ahora en eso estoy, realizando piezas grandes orientales que era lo que yo quería hacer finalmente.

 

¿Quién es tu alter ego? El inspirarme y conseguir hacer algo muy original es casi imposible, porque está casi todo hecho. Lo que trato de mirar son grabados japoneses especialmente. Si bien hago japonés, no nací en Japón y nunca he ido pese a que está dentro de mis planes, con mirar grabados y tatuajes ligados al oriental estos me permitan ver cómo funcionan en la piel. En cuanto a tatuadores los trabajos que más me gustan son los de Rico y Shion, Rodrigo Melo, Cacau, Horiyoshi III e Ivan Szazi. Busco más referencias en tatuadores que son de esa línea de tradicional japonés, aunque de todos modos veo trabajos también de otros estilos.

 

¿Qué crees que hace falta para que culturalmente este arte sea más valorado? Yo creo que con respecto al tatuaje y pese a que uno no puede juzgar la forma en que el resto de las personas ven la vida, claramente si vas a tatuar debes tomarte las cosas en serio en cuanto a la higiene, al arte y a lo que quieras componer, eso para mí es como lo más importante, porque al final en el tatuaje nadie es dueño de la verdad. Uno debe tratar de hacer las cosas de la mejor forma para poder seguir avanzando nada más, entonces creo que más que nada se requiere un compromiso en todo ámbito de cosas, porque así como eres responsable con la tinta y te dedicas de lleno a ella, ésta también te entrega un sin fin de cosas.

Pienso que también el tema de que la gente esté más al tanto ha sido gracias a que como tatuadores estamos haciendo bien la pega, porque al final hay gusto para todo. Cuando la gente te conoce y sabe lo que haces, te dan mucha más libertad creativa para concretar una pieza y eso es lo que ahora me pasa, ya no me encasillan en algo específico sino que me dejan aportar mucho más con respecto a mis ideas y a la magnitud de un tatuaje en términos de espacio en la piel.

 
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Estudio La Daga Negra / Chile
 
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