Francisco Salas

Sep 25 • Tatuador de la Semana • 4085 Visitas

El entonces adolescente que soñaba con convertirse en tatuador es a quien vemos hoy materializado en uno de los padres del tatuaje en Chile. Hablo de Francisco Salas Lapostol, quien reconoce que los viajes que realizó por todo el mundo se volvieron lejos la mejor escuela que pudo tener y que nos cuenta acerca de sus inicios en este arte, haciendo hincapié en el amor visceral y el compromiso que se le debe tener al oficio para poder hacer las cosas bien.

 

¿Qué te motivó a ser tatuador? De chico me gustó mucho el tatuaje. Mi abuelo tenía uno y me llamaba mucho la atención. Aparte yo dibujaba un montón entonces fue natural el meterme a tatuar, pero me costó caleta. Recuerdo que desde los 10 años empecé a pensarlo y a buscarlo, incluso a los 13 me hice mi primer tatuaje que por lo demás quedó horripilante, pero yo estaba muy feliz. Me volví a tatuar a los 14 años y seguí buscando quien me enseñara a tatuar hasta que lo conseguí a los 16 años.

 

¿Hace cuánto tiempo que eres tatuador? Yo empecé cuando tenía 16 años, eso fue el año 1996. Llevo 19 años en esto.

 

¿Quién fue tu maestro? Aprendí con Sergio Villagrán y el proceso de aprendizaje fue terrible y duro, porque él era muy riguroso y yo era muy desordenado entonces me costó mucho adoptar ese tipo de disciplina. Pero lo pasé la raja. Increíble fue ese periodo que duró hasta mis 22 años y en el que aprendí todo lo básico del tatuaje. Luego de eso, Sergio puso una tienda en el Portal Lyon (Santiago, Chile) y fue ahí donde comencé a trabajar. En el ínter tanto tatuaba en el Bío Bío, en mi casa e incluso tuve un quiosquito en Providencia en el que podía atender a un par de clientes.

 

¿Cuál fue tu primera máquina? Mi primera máquina ya no existe y no sé en verdad si era realmente tan mala como creo, porque en ese entonces yo no tenía idea de nada y probablemente funcionaba bien y era yo el que no sabía ocuparla adecuadamente. Esa máquina se la compré a unos tipos en el Eurocentro en el 96′ y en esa época me costó 140 lucas. Me obsesioné en tener lo mejor de lo mejor así que cuando llegué les dije “quiero lo más caro que tengan”. Esta máquina estaba al lado de un kit chino que venía con todo, tenía biela, agujas, pocillos, todo y costaba un cuarto de esta otra máquina que estaba a su lado y que brillaba más, que era más bonita y que aparte decía “Made in USA”. Me la vendieron sin fuente de poder ni pedal, recuerdo que me pasaron de “regalo” una puntera que era para magnum y me dieron también una biela y un par de agujas mientras me explicaron algo de su funcionamiento, pero claro era una magnum entonces aunque me hubieran explicado mil veces el tema no habría entendido nada. Así que traté de hacer lo que pude con esa máquina y luego le encargué a un amigo otra máquina gringa que me sirvió mucho más para lo que necesitaba hacer en ese momento.

 

¿A quién o qué fue lo primero que tatuaste? El primer tatuaje que hice quedó pésimo y fue un tribal chiquitito en el tobillo, se lo hice a un muchacho que iba en mi colegio, en octavo básico, que era muy cabro chico. Lo tatué con una pura aguja, entonces le dolía un montón y yo no sabía tampoco lo que estaba haciendo, entonces quedó horrible… Pobre cabro (jajaja).

 

¿En qué estilo de tatuaje te especializas? En términos de estilo finalmente igual hago de todo, pero lo que más me gusta hacer es el oriental y lo estudio bastante e incluso estoy procurando tatuarme sólo diseños orientales. De todos modos disfruto hacer de cualquier tipo de estilo porque lo llevo a mi manera de ver las cosas. Creo que por una cuestión funcional aprendí a hacer de todo, desde retratos hasta tribales, todo, entonces siempre celebro pasar por diferentes estilos a menos que mi cliente se me ponga muy director de arte y quiera algo muy a su pinta, pero en general disfruto hacer de todo.

 

 

¿Quién es tu alter ego? Actualmente tengo un montón de referentes, pero cuando comencé era una locura encontrar una revista de tatuajes en Chile y las pocas revistas que tenía las recortaba a modo de “book” para tener diseños que ofrecer a mis clientes, ya que a ninguno de los que tatuábamos en ese entonces se le había ocurrido que podíamos hacer diseños propios. Con el tiempo, cuando empecé a pescar los nombres de los tatuadores de esas revistas, me di cuenta que me gustaban siempre los mismos, como Filip Leu, Marcus Pacheco, Guy Aitchison, Paul Booth y Aaron Cain.

Con el tiempo han cambiado un montón las referencias para mí, ya sea porque comienza a gustarme el trabajo de otros tatuadores o por el mismo hecho de que los más antiguos cambian la línea de su tatuaje. También está el factor de que uno ya no se impresiona tan fácil, pero en general siempre los tatuadores que me gustan son los que proponen algo nuevo. En base a lo mismo, a mí el realismo me parece que no tiene ningún aporte fuera de impresionar mucho a la gente, pero no siento que exista una real contribución. El aporte concreto está en un tatuador que crea algo, tal vez a partir de referencias ya existentes, porque no hablo de alguien que reintente la rueda ni mucho menos pero que sí proponga algo diferente o su misma visión personal respecto a un tema, pero la mera reproducción me parece nada.

En la actualidad, me gusta el trabajo de Ichibay, Yutaro, Len Leye, Mike Roper, Marcio Duarte y Glenn Flesjaa, entre muchos otros que incluso he tenido la suerte de conocer en mis viajes y de compartir con algunos de ellos. Es muy emocionante codearse a estos tatuadores que uno admira tanto y que cuando estás con ellos tatuando, te das cuenta que tienen alguna mañita semejante a la tuya.

 

¿Qué crees que hace falta para que culturalmente este arte sea más valorado? Hay varias cosas que creo que hacen falta, especialmente porque yo soy bien inquieto y creo que nunca me voy a conformar con algo. Hasta los trabajos que hago después de 6 meses dejan de convencerme y les encuentro siempre algo malo, eso partiendo por mí, imagínate. En cuanto al resto, estoy convencido de que siempre va a hacer falta que la gente que se dedica al tatuaje lo quiera de una manera superior, me refiero a que yo sé que es cool y siempre lo ha sido, sé que hoy en día es más cool aún y está más aceptado por los demás, tanto así que se me han acercado madres a preguntarme si puedo enseñarles a tatuar a sus hijos a diferencia de lo que pasaba con mi padre, que me sacaba la chucha por estar tatuando y para que dejara de hacerlo. Ahora es tan fácil acceder a todo que no hay un compromiso serio guiado por un amor superior y profundo, entonces esa es la raíz de todos los problemas que podrían haber en relación al tatuaje, mucha gente que tatúa no se esfuerza lo suficiente, mucha gente que se tatúa tampoco lo hace porque si vas por la calle y te fijas en las personas que tienen tatuajes, son muy pocas las que tienen buenos diseños, contados con la mano siendo bastante generoso. Entonces yo creo que la única solución para todo, la panacea del tatuaje, es que la gente que se dedique a esto le de la importancia que requiere porque a nadie lo obligan a tatuar, así que si lo vas a hacer ponle todo tu empeño y cariño. Cuando yo estaba aprendiendo a tatuar daba lo que fuera por estar todo el día metido en la tienda. Mi caso fue súper especial porque durante mucho tiempo, por los tatuajes que yo hacia ganaba realmente muy poco ya que tenía un trato muy despótico, pero yo seguía ahí porque quería hacerlo, no porque tuviera falta de oportunidades de hacer otra cosa, sino que porque lo anhelaba y eso me llevó a tener un hambre insaciable de conocer, de aprender, de tatuar, de tatuarme, de entender cómo funcionaban las cosas y fue así como aprendí a hacer mis propias tintas, a armar y desarmar máquinas y hacerlas. Todo lo que puedas imaginar en cuanto al tatuaje lo puedes alcanzar, pero lo que te impulsa es ese amor visceral que tienes que tener respecto al tatuaje, pues de lo contrario sólo se genera mediocridad y estamos flotando en ella en todo el mundo.

En cuanto a los clientes, pasa también porque la gente paga muy poco por sus tatuajes y eso lo tengo claro porque he tenido la suerte de trabajar en varias partes del mundo y no recuerdo haber cobrado menos por un tatuaje como acá en Chile. Entonces lo que pasa es que pese a haber hoy por hoy excelentes materiales para utilizar en Chile, si cobras poco vas a tener que acceder a malos materiales y para qué hablar de las máquinas chinas, que claro son muy baratas y el tipo que las vende se debe estar haciendo millonario porque en realidad cuestan luca y él las vende a $30.000 pero no son una buena herramienta. Yo creo que cuando haces un tatuaje debes utilizar lo mejor que tengas al alcance de la mano y no abaratar costos al respecto. Pero lamentablemente en Chile el negocio del tatuaje implica el cortarle la cola a algo para poder quedarte con más plata, cosa que yo no puedo comprender porque lo único que vas a lograr al hacer un tatuaje más rápido o con materiales más baratos, es tener un mal resultado en tu trabajo. Esto tiene directa relación con lo que paga la gente y lo que también cobran tatuadores nuevos que lo hacen por muy poca plata, porque no tienen conocimiento de lo que realmente vale un tatuaje, a lo mejor porque jamás han pagado por uno. Seguramente ese tatuador famoso que a estos chicos les gusta como tatúa, ellos no deben tener idea de cuánto cobra y por qué. Insisto, si uno cobra lo que corresponde un tatuaje se puede acceder a mejores materiales y no sólo hablo de las agujas y las tintas, sino que hay miles de libros y también viajes que te pueden nutrir, porque viajar es el mejor aprendizaje que un tatuador puede tener y cualquier tatuador que lleve más de 5 años en esto y que haya tenido la oportunidad de viajar, va a confesar que sus viajes han sido la mejor forma de aprender y de nutrirse de información.

 
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Contacto:
Estudio El Cuarto Sello / Chile
 
laposto@gmail.com
 
Instagram: @elpanchosalas

 
 
Por Dana Riffo / Fotos Dana Riffo

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