Jenni Rogers

Oct 2 • Tatuador de la Semana • 3563 Visitas

Dulce y serena encontramos a Jenni Rogers en su calmo taller, a quien hemos tenido la suerte de ver crecer como artista de la tinta desde sus inicios como aprendiz, para hoy tener el orgullo de presentárselas como toda una tatuadora. A continuación les dejo parte de lo que la ha convertido en lo que es ahora, bajo un aprendizaje que ella misma nos confiesa fue al más puro estilo “Karate Kid”, dando los mejores resultados y permitiéndole hoy haberse independizado para dar una atención personalizada a sus clientes.

 

¿Qué te motivó a ser tatuadora? El tattoo es algo que siempre quise hacer, que me llamó la atención desde que era súper chica, como a partir de los 12 ó 13 años yo ya los miraba. Y bueno, era un mundo demasiado rudo y “hardcore” para mí que era muy niña. Aparte estaba bastante vetado socialmente, era mucho más underground, malo, sucio y machista que hoy en día, pese a que aún sigue manteniendo ese machismo que ojalá algún día lo deje detener. Entonces, siempre estuvo ese interés por los tatuajes de mi parte y por supuesto por las artes gráficas que fue lo que yo pensé que era a lo que me iba a dedicar.

Cuando me di cuenta que no tenía posibilidades de dedicarme a las artes propiamente tal, fue que decidí iniciarme en el camino del diseño. Tuve la buena/mala suerte, después de haber salido de la universidad, de tener súper buenas pegas de ilustración. Me desempeñé como ilustradora durante mucho tiempo, pero lamentablemente no es una pega de la que uno pueda vivir amenos que tengas a un mecenas para tener algo constante y poder ser alguien en diez años. Es un trabajo muy esporádico.

Debido a esto, me metí a trabajar en distintas áreas del diseño, por eso hablo de “buena/mala” suerte, porque a pesar de estar en tantos sitios, ya no me encontraba en ningún lado, me sentía fuera de lugar. Entonces, un ex pololo me dijo que debía dedicarme a hacer lo que siempre quise, que en el fondo era el tatuaje, la ilustración sobre un formato vivo con una propuesta artística diferente. Tuve la suerte de que se me abrieran las puertas del cielo en ese preciso momento, ya que un amigo y ex profe de carrera me llama y me dice que tiene un amigo que se llama Georgi, que tiene un estudio estaba buscando un aprendiz, que fuera y le muestrara mi trabajo de ilustración. Así que llevé todos mis cuadernos y diseños, así que una vez hecho eso decidimos “casarnos” con Georgi y él comenzó a instruirme en el universo del tatuaje y ahí me he quedado.

 

¿Hace cuánto tiempo que eres tatuadora? ¡Ay, no sé! (jajaja) ¿Cómo definirlo? No sé, yo igual no me siento tatuadora, sino que siento que soy una persona que hace tatuajes. A lo mejor me voy a sentir tatuadora de aquí a 25 años más. Pero claro, tuve un año de aprendizaje y al rededor de dos años de tatuaje, que es lo que llevo en la práctica.

 

¿Cómo fue tu proceso de aprendizaje? Fue al más puro estilo señor Miyagi de Karate Kid (jajaja).

Bien, yo creo que a mí se me instruyó desde un aspecto más bien tradicional o “vieja escuela”, que tiene que ver con ser súper paciente, entender que el tatuaje va más allá de rayar a una persona, tiene todo un aspecto de higiene, de responsabilidad, de atención, de materialidad y de entender que todo este concepto que gira alrededor del tatuaje de que eres todo “rockstar” o alguien muy “cool” es mentira, porque requiere de que tú tengas mucha pega y la sepas hacer bien, que seas muy constante porque es un trabajo lento, que requiere de un compromiso 24/7 porque tienes en ti la responsabilidad del cuerpo de otra persona.

 

¿Cuál fue tu primera máquina? Un amigo que trabaja en bicicletas, el Pancho, me hizo este “chanchito” que la idea era que yo la pudiera regular para que me funcionara para todo. Por lo mismo no ere una máquina muy específica. Finalmente, ya le faltaba fuerza y había algunas agujas que no arrastraba, pero en su momento hasta pude hacer una raya con 14 shaders y casi se me quemó, pero la hizo. (jajaja)

 

 

¿A quién o qué fue lo primero que tatuaste? ¡Cómo olvidarlo! El primer tatuaje que hice a una persona, porque antes de eso era piel sintética, fue a mi ex pololo, que me dijo que me dedicara a esto y me regaló mi primera máquina de tatuajes de las que les hablé. Él se llevó mi primer tatuaje que fue pura línea y puntillismo. No quedó tan malo (jajaja). Se lo hice en la pierna y es una chica mirando de costado con los ojos semi cerrados, con unas flores que representan el matrimonio, porque yo pensé que nos íbamos a casar.

 

¿En qué estilo de tatuaje te especializas? A mí me gusta mucho el neo tradicional y el new school que toma el neo tradicional y hacen una mezcla. Ahora, yo diría que los estilos de tatuaje están siendo cada vez más diversos, hay gente que hace una especie de action-paiting pero en tatuajes, que es súper interesante.

Yo estoy tratando de tomar de las áreas que me gustan, que es el neo tradicional, pero finalmente creo que lo que hago tiene una línea muy personal que no sabría definir ni encasillarlo en una etiqueta.

 

¿Quién es tu alter ego? Me pasa con mucha gente. Bueno, en el universo ilustrativo contemporáneo me pasa con una chilena que se llama Isabel Hojas, que es tremenda ilustradora. Yo encuentro que en Chile es lejos la mejor, hay gente que es más taquilla pero ella es la mejor.

También tengo como referencia a dos ilustradores franceses que son Benjamin Lacombe y Rebecca Dautremer, que son contemporáneos e increíbles porque mezclan el álbum ilustrado, como tipografía más la ilustración y cuentan la historia detrás de la historia. Esa es la gracia que tiene la ilustración, contar lo que no estás contando.

En cuanto a las artes, Alfons Mucha por supuesto. Gran referente en la vida. ¡Qué ganas de haber sido ese hombre en una vida pasada! Y Egon Schiele, de todas maneras es un tremendo referente también, más que cualquier otro artista.

En cuanto al tatuaje, por supuesto mi maestro Georgi es un tremendo referente. De afuera, Claudia De Sabe, que ¡ojalá pudiera casarme con ella sólo para verla dibujar y cocinarle! (jajaja) También Tulio Navia, que es colombiano.

 

¿Qué crees que hace falta para que culturalmente este arte sea más valorado? Yo creo que en general lo que hace falta es un tema de cultura y esa cultura está directamente relacionada en cómo el tatuador instruye o involucra a su público y de cómo se presenta.

En mi caso, por ejemplo, a mí me llega gente y que me dice que le sorprende que yo sea tan profesional para atender. A lo mejor yo no soy una persona que lleva 20 años en el rubro y no tengo una agenda de aquí a 6 meses, nunca se justifica mirar en menos a tu cliente. Eso genera el prejuicio de “ellos y nosotros”, cuando en realidad las artes son de todos. Entonces, cuando tú logras acercarte y te presentas bien, como una persona que hace un trabajo en conjunto con su cliente de manera profesional, agregas valor a tu trabajo, por tanto es culturalmente más aceptado. Se trata de demostrarle a quien se tatuará contigo que no es un tramite con una persona “x” al que no le importas, sino que empieza a adquirir el valor espiritual, emocional para la persona que lo hace y que lo lleva desde otro lugar, y esa persona tatuada luego cambia su visión con un amigo con el que habla y así se provoca un “boca a boca” positivo.

Yo siento que siempre hay que estar mejorando la calidad del trabajo. Hoy en día, a nivel nacional, hay mucho tatuador súper bueno, tatuadores nuevos, como por ejemplo Ariel, que trabaja en Amor Real, que el niño tiene 20 años y es increíble. Pero además de siempre ir mejorando el tema de la gráfica, de la aplicación y la técnica, hay que mejorar la presentación del tatuador a su público para que aumente el valor a su oficio y lo transforme en una profesión real y no en la percepción que tiene la gente de que es un hobbie.

Tú como tatuador debes dedicarte 24/7 a esto y darle el gran valor cultural que tiene.

 
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Por Dana Riffo / Fotos Dana Riffo

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