María León

Mar 26 • Tatuador de la Semana • 479 Visitas

De Santiago a Nueva York y de Nueva York a Santiago, así va y viene habitualmente la talentosa María León, tatuadora chilena que comenzó su camino en el mundo de la tinta radicándose en la gran manzana para probar suerte, objetivo que sin duda logró con creces.

Serena y amable, pero por sobre todo segura de sus capacidades e impronta, María nos cuenta sobre cómo fue su proceso de aprendizaje en la meca del tatuaje gringo y, mientras tatúa una manga con su característico estilo botánico, nos habla de su visión sobre la evolución de este oficio en nuestro país.

 

¿Cómo comenzaste en el mundo del tatuaje y qué fue lo que te motivó a dedicarte a esto? La verdad es que entré al mundo del tatuaje 10 años después de mi primer contacto con él, el que fue con el primer tatuaje de mi hermana. Yo soy de Rancagua y estaba estudiando arte acá en Santiago, específicamente en la Universidad Católica. Un día mi hermana me dice “María, hazme un tatuaje!”. Yo la verdad es que nunca había tomado una máquina, de verdad nunca, pero teníamos un amigo muy cercano que tenía un estudio y se lo pedimos para poder hacerle el tatuaje a mi hermana.

Después de que se lo hice se me olvidó el tema y nunca más pensé en el tatuaje como alternativa de vida, fue más que nada una humorada entre hermanas. Luego de eso continúe con mis estudios de arte, para posteriormente estudiar pedagogía y de ahí, decidí hacer un master en educación en Nueva York. Entre medio de todo eso, yo ya había vuelto a tomar las máquinas de tatuar pero de modo muy amateur, tatuando a mis compañeros y amigos y, cuando terminé mi master, decidí quedarme un año más allá. Tuve que buscar pega y se me ocurrió buscarla como tatuadora. Yo ilustraba, por lo que me contrataron en una tienda en Mahattan que se llama “Red Baron Ink” en donde precisamente dos tatuadoras me enseñaron a tatuar como tal.

La verdad es que para entrar a ese estudio yo hice como que sabía tatuar (jajaja), o sea, para postular yo di la entrevista y aparte me hicieron el “trial” que es una prueba en la cual debes tatuar a alguien en vivo para que ellos evalúen. Después de eso tuve que sacar la licencia porque en Nueva York necesitas una especial para poder trabajar como tatuador y luego, me puse las vacunas respectivas e hice todas las cosas más administrativas que necesitaba para empezar a tatuar.

Al principio a mí me tiraban todas las cosas que nadie quería hacer, las letras chinas, el diente de león con los pajaritos, etc, etc, pero la verdad es que para mí fue bacán que eso pasara porque me sirvió muchísimo de práctica, pues aunque yo antes hacia esas cosas las hacia de una forma muy intuitiva, porque no cachaba en verdad la diferencia de las máquinas y otras cosas más puntuales. Eso fue todo un año, muy intenso además porque yo trabajaba 9 horas diarias. Tatué a mucho chino y a harto turista, por eso aprendí también a ilustrar el mismo día de la sesión, que es como yo trabajo ahora.

Así fue como decidí sólo tatuar y dejé de lado lo otro. Tuve que optar porque me estaban esperando en Chile para hacer clases en los proyectos educativos en los que yo trabajaba, con gente de la Católica y en un proyecto de arte contemporáneo para niños en el que yo ya estaba involucrada con anterioridad, así que dejé todo para tatuar exclusivamente.

En la actualidad hago clases un día a la semana para alumnos de pedagogía de la universidad Alberto Hurtado, pero sólo un día a la semana. Me estoy dedicando a puros proyectos relacionados al tatuaje, como el que tuve el año pasado al lanzar mi libro.

 

¿Cómo fue tu proceso de aprendizaje? Yo aprendí prácticamente todo lo que sé por mis colegas, de la Hira Lupe y la Laura Bochet, que son tatuadoras a toda raja. Mi proceso de aprendizaje me frustraba pero no por mucho porque en seguida tenía piel para practicar, porque de verdad que tatuaba todo el día, entonces ahí aprendí harto.

Cuando podía me sentaba a mirar, eso sí hacía mucho, por eso con la Hira nos hicimos tan amigas. Ella es una tatuadora italiana y como las dos como que odiábamos a los gringos (jajaja), nos hicimos súper cercanas. La Hira también vivía sola en Nueva York, así que nos formamos como familia.

Después fui aprendiendo sobre el lenguaje del tatuaje, esto de los distintos estilos, los que deben ser tratados de distintas maneras y con distintas máquinas, etc. Como cosas más técnicas. Pero claro, fue el conocimiento de sopetón, todo en un año tal cual hubiera hecho un máster en tatuajes.

En el estudio donde trabajé siempre había mucha gente buena con la que podías aprender porque en Nueva York se usa mucho el “Guest Spotting”.

 

¿Cuál fue tu primera máquina? Mi primera máquina me la compré después de que me hice un cover con mi amigo, el mismo que me ayudó a hacerle ese primer tatuaje a mi hermana. Como soy del equipo de la gente que tiene malos tatuajes a los 17 años (jajaja) me tuve que hacer ese cover, que diseñé yo y que fue de hecho mi primer diseño floral, por lo que lo tengo enmarcado en mi estudio.

Luego de que me hice ese cover, la verdad es que me quedé curiosa del proceso, porque cuando me tatuó, como el cover que hizo está en mi espalda yo no podía ver nada, sólo podía ver cómo él mezclaba los colores pero nada más. Le pregunté que si esto era muy difícil y me respondió que no, que podía aprender. Así que le hice caso y me compré una máquina china en San Antonio, una de bobina al principio para armar y desarmar, lo típico que uno aprende cuando estás comenzando.

Fue muy bacán porque he visto varios de los tatuajes que hice al principio con esa máquina y no están tan mal, la máquina igual me apañó.

Después de eso me compré unas HM que son españolas y con ellas tatué harto tiempo. Ahora tengo una Cheyenne Hawk Pen y trabajo sólo con los cartrige originales porque soy bien matea en eso.

 

 

¿Qué fue lo primero que tatuaste y que le hiciste a tu hermana? Como contaba, mi hermana históricamente tiene mi primer tatuaje y todavía existe. Le tatué unos símbolos que inventamos entre nosotras, porque estábamos muy metidas con unas runas, cosas que en verdad ahora no haría, pero bueno. El tatuaje está bien porque pese a que yo no tenía idea de tatuar, mi amigo me ayudó y me enseñó a pasar la máquina. Como yo ilustraba ya tenía algo de motricidad fina, aparte que estaba estudiando arte en ese momento.

Fue un tatuaje súper aperrado, porque la zona fue entre medio de las pechugas a los 17 años. Pero nada de lo que nos arrepintamos, incluso ahora a mi hermana la tengo llena de tatuajes… bonitos eso sí (jajaja).

 

¿A qué se debe tu inclinación al estilo botánico en el tatuaje? Creo que al principio se dio una cuestión súper natural, porque partió de mis intereses en ilustración desde antes de tatuar. Me gustaba la ilustración naturalista, era muy fan de Claudio Gay y de ese tipo de ilustraciones. Después todo se fue dando, hice una flor me quedó bien, luego me empezaron a pedir más y así fue que yo empecé a ponerme más curiosa respecto a las especificidades de la botánica e incluso hace como un año hice un curso en el Botanical Garden de Nueva York debido a que yo sigo yendo regularmente.

Así fue que me tiré con todo a ese tipo de ilustración y fui generando conocimientos súper específicos en relación de las estructuras, los colores, las texturas, las maneras de hacer las composiciones de los buques, etc. Ahora último a pedido de mis clientes he estado investigando harto sobre la flora endémica, así que he hecho harta flor propia de Chile por lo que he podido aprender harto.

Antes no tenía mucha idea de botánica entonces he ido aprendiendo con el tatuaje, pero ha sido mucho mejor y a propósito de eso es que me junté el año pasado con mi mejor amiga, que es editora y que quería lanzar una editorial relacionada a proyectos de investigación e ilustración, por lo que hicimos este proyecto del libro aprovechando que yo tenía tantos pero tantos dibujos, debido a que voy guardando todos los diseños que hago para mis clientes, entonces entre todos esos diseños hicimos una selección y yo me puse a investigar para generar los textos. Hice el libro y salió muy rápido, porque todo el material ya estaba hecho y sólo había que editarlo.

Igual hago otras cosas pero la verdad es que ya tengo un lenguaje gráfico, entonces cualquier cosa que haga me queda muy mío.

 

¿Cómo ves culturalmente al tatuaje en Chile en la actualidad? Yo veo una evolución todo el rato en el tatuaje chileno, lo que sí y esto se lo comenté incluso a los chiquillos de Bellavista Tattoo, es que me sorprende la cantidad de gente que se ha puesto a tatuar, como con respecto a esta onda de las escuelas de tatuajes que se han armado versus al oficio que esto requiere. Por un lado creo que los tatuadores chilenos que alegan no cachan nada de verdad, porque escuelas de tatuajes hay en todo el mundo, acá nadie inventó nada, en Estados Unidos hay, en España hay, en Italia hay, o sea, ese no es el problema, el problema en mi opinión muy personal es que por ejemplo en Chile en proporción a USA son 300.000.000 de habitantes y nosotros somos a penas 17.000.000, entonces como que para captar más clientes puede que estén permitiendo a gente que no necesariamente tenga las aptitudes para ser un tatuador en el futuro. Para esto se requiere el filtro correspondiente. Nadie te va a dar el santo grial de conocimientos, ya que el tatuaje requiere práctica y descubrimiento. De todos modos esto pasa en todo orden de cosas, en las universidades también ocurre. En mi caso yo salí de la Católica como Artista Visual pero eso no significa que todos mis compañeros sean tal, porque hasta a mí me cuesta definirme una ya que me dedico a otra cosa. El artista visual es el que se gesta en el hacer, entonces en todas estas cosas que son más creativas pasa igual. Sencillamente no por estudiar música en el pedagógico o en el Pro Jazz vas a ser músico, porque son oficios. Yo respeto al tatuaje y a las escuelas que se plantean como un negocio, pero el oficio del tatuaje es algo totalmente distinto para mí. A mí de verdad que me da lo mismo que aparezcan al año 5.000 tatuadores más, a mí lo que me da pena son los clientes que tendrán esos 5.000 tatuadores sino se dedican de lleno a esto.

En cuanto a los estilos, eso también me ha sorprendido gratamente, porque hay tatuadores que se están especializando mucho y eso era precisamente lo que yo pensaba que faltaba acá. Como que el tatuaje antes era “mientras más estilos domines mejor”, en cambio ahora se está dando una onda más internacional, que tal vez esté influenciada por las redes sociales, en la que cada tatuador busca o tiene su estilo de ilustración y técnica, así que en ese sentido creo que de verdad estamos bajo estándares internacionales mucho más que antes, tal vez más que hace 10 años atrás.

Y creo que en relación a los clientes, definitivamente saben más. Mis tatuajes por ejemplo ya comprobé que son a prueba de mamás (jajaja). Siento que como que todas las personas han abierto un poco más su mente al tema del tatuaje porque cómo vas a hacer la vista gorda si ya todos tienen tatuajes.

 

¿Qué opinión tienes sobre el rubro del tatuaje femenino en nuestro país? Me han pasado cosas buenas y malas al respecto, aunque en realidad yo nunca me he sentido menos que mis colegas hombres, sobre todo porque yo aprendí en un contexto súper empoderado de parte de las dos mujeres que me enseñaron. Lo que sí me ha llamado especialmente la atención de las convenciones acá en Chile es que es muy marcada la diferencia de géneros. En general puedes ver que el 80% de los tatuadores que participan son hombres y sólo un 20% son mujeres y eso sobre todo se nota en la competencia, porque son más hombres los que ganan los premios. Siento que está todavía súper desproporcionado y no sé por qué se dará eso. Por ejemplo, en la Expo Piel del año pasado gané el primer lugar en cultura chilena, Débora mi clienta va y muestra su tatuaje sola como lienzo para inscribirse y uno de los jurados que era argentino va y le pregunta “Che y qué tatuador te hizo este tatuaje?”, asumiendo que era un hombre y Débora le dice “Ella, ella me lo hizo” y me apunta, a lo que el tipo sorprendido responde “Es mina!”. Ese es el mejor ejemplo que podría dar.

Por otro lado como soy una especie de recién llegada no cacho mucho el ambiente y todo, pero con los que me he relacionado como Hamstter, el Fury, el Seba Carrasco, Ariel, etc, he tenido súper buenas experiencias y nunca me han mirado en menos porque soy mujer. Creo que también tiene que ver con cómo uno se plantea profesionalmente, porque yo no me siento para nada desvalida. Yo no me siento menos profesional que un hombre y pese a que sé que tengo mucho que aprender, me siento súper segura de lo que hago. No puedo nada más que sentirme agradecida de la gente que confía en mí. Esto no tiene que ver con mi género, tiene que ver con mis capacidades. Aparte no sé si en este sentido se me sale lo artista visual, pero los proyectos que desarrollo aledaños al tatuaje, como el libro, me dan un montón de satisfacción, entonces no tiene que ver con que yo esté compitiendo con otros tatuadores sino que estoy compitiendo conmigo misma, me desarrollo como profesional dentro y a su vez por el ladito, eso me gusta un montón.

 
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Por Dana Riffo / Fotos Dana Riffo

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