Marlon Parra

Feb 19 • Tatuador de la Semana • 6479 Visitas

Conocido y reconocido en el mundo del tatuaje chileno como el más importante empresario de la tinta, Marlon Parra ha logrado darle un vuelco al tatuaje en su esencia de oficio al profesionalizarlo y volverlo una marca de prestigio con su cadena de estudios de tatuaje llamada “TattooRockers”, a la cual incluso últimamente se le agregó un restobar en Barrio Italia bajo el mismo nombre. Con una noción del marketing poco habitual en este rubro y con la pasión que aún tiene por la tinta, Marlon se ha convertido en el tatuador de cabecera de cientos de personajes que vemos a diario en medios de comunicación y el fútbol. Hoy nos cuenta sobre sus inicios, la importancia de conocerse a sí mismo para llegar a ser un buen tatuador más allá de técnicas vacías y cómo ha visto la evolución del tatuaje a lo largo de sus 20 años de carrera.

 

¿Qué te motivó a ser tatuador? Me motivó un hermano, mi hermano mayor que incluso hasta el día de hoy trabaja conmigo porque se convirtió sin querer en una ocupación para él, estando a cargo de una de las tiendas que he podido abrir. Él me dijo que veía características de un buen dibujante en mí y que podría de repente ganarme unas lucas haciendo tatuajes a parte de estudiar, porque yo estaba en diseño gráfico en ese momento. Fue una muy buena forma de poder lucrar siendo un cabro chico igual.

 

¿Hace cuánto tiempo que eres tatuador? Eso pasó hace 20 años, en el año 1997 yo comencé a tatuar y tuve harta suerte porque partí en un momento en el que el tatuaje estaba todavía un poco en pañales acá en Chile y no habían tantos recursos técnicos, así que fue una muy buena escuela el haber partido en la época en la que había que ingeniárselas para poder lograr una u otra técnica. La gente muchas veces venía con revistas y te pedían cosas con fotos de tatuajes hechos en convenciones en el mundo y claramente, era una novedad para nosotros saber cómo poder lograr ese efecto y acabado con una aguja y con 3 colores de tinta de mala calidad, más una máquina que a los 5 ó 10 minutos ya ardía y te quemaba las manos y un montón de cuestiones en contra que había que solucionarlas de cualquier forma, entonces eso me hizo ser un tatuador muy versátil y que al día de hoy puede gozar con estos adelantos y todas las herramientas tan ricas que existen hoy en día y que están a la mano de cualquiera.

 

¿Cómo fue tu proceso de aprendizaje? La verdad es que no fue frustrante ni nada por el estilo sino que todo lo contrario, fue súper rico porque gracias a la creatividad que yo tenía y al asimilar formas y texturas, cada cuestión que yo hacía era nueva no se había visto. No se veía en los tatuajes de la calle ni tampoco entre los típicos amigos tatuados que te los muestran lo que ellos tienen. Yo entendía que era muy rica esta técnica de la piel y la aguja, más que la del lápiz y el papel por ejemplo, incluso yo en lo personal lo encuentro mucho más fácil porque trabajé toda mi vida en el papel y la piel a diferencia, es muy rica en cuanto a manejar texturas porque tiene un comportamiento distinto, una conducta que tú puedes proyectarla en la cicatrización y que determina un tiempo de cambios por lo que tú con la intención con la que tatúes, puedes llegar a lograr efectos muy diversos y seguramente es una búsqueda que no tiene final. Poder calcular esas cosas, la técnica con la intención y la fuerza con la que trabajas, la cantidad de maneras de mezclar la tinta o de aguarla con relación a un determinado final, siempre encontré que era súper interesante. Me daban ganas de ver mis trabajos terminados y cicatrizados para saber cómo se habían manifestado, independiente de que hubieran pocos recursos. Creo que un artista como tal tiene que ingeniárselas para lograr una obra con los recursos que tenga. Yo de repente pienso que si te pasan un carbón y te piden una composición puntual, tú con eso tienes que lograrlo, entonces a veces hay tatuadores reclamando que las agujas chinas son malas y que las punteras de no sé qué tipo son incómodas y yo les digo que antes habían puras agujas de coser para tatuar y había que hacerlo igual. Ahora hay que agradecer un poco que se nos hacen las cosas más fáciles con las miles de herramientas que hay para trabajar.

Para mí fue una época llena de conocimiento íntegro y en donde no había techo, porque hoy en día es difícil entrar al círculo, porque si no sabes tatuar y quieres ser un tatuador los referentes que hay llevan a penas 4 años y hacen un realismo increíble, entonces muchos creen que es algo que casi imposible de lograr. Pero eso da miedo únicamente porque hay ignorancia en el tema, porque no va por ahí el camino, el camino es encontrarse uno mismo no más.

 

¿Cuál fue tu primera máquina? Mi primera máquina se la compré al “Tontín” (Claudio Corvalán), el fue la persona que más me ayudó finalmente. Él vendía una máquina hecha por él mismo y te ofrecía un curso de tatuaje por la compra. Era una máquina de aluminio muy liviana y muy buena, pero al fin y al cabo era de aluminio entonces se calentaba y se doblaba. Trabajé más o menos 2 años con esa máquina porque me encantaba.

El curso que te hacía era por medio de un tatuaje que él mismo tatuaba en uno. Recuerdo que yo no había visto una máquina de tatuar en mi vida y Claudio me hizo ese tatuaje en unos 10 ó 15 minutos y me dio los tips precisos para comenzar. Esa fue la única teoría que tuve sobre el tatuaje en un principio.

Él era súper virtuoso y hábil, pero a veces a los artistas que son tan ricos les pasa la cuenta eso, el tener una intención y confianza tan grande en las capacidades que tienen que dejan un poquito de lado quizás el hacer las cosas con mesura. Tal vez por eso no muchos se acuerden de él.

 

 

¿A quién o qué fue lo primero que tatuaste? El primer tatuaje que hice fue a un amigo ese mismo día que Tontín me tatuó. Llegué a la casa motivado con la información y como con mi amigo ya habíamos hablado estaba todo listo.La condición era que lo iba a tatuar gratis y que cuando yo fuera un mejor tatuador se lo iba a tapar gratis también, así que fue un buen trato. Le tatué un Condorito con mohicano, como punk y no quedó tan bueno porque pese a que yo me acordé de todos los detalles que Claudio me había contado de cómo usar la aguja, de como ponerla vertical a la hora de hacer las líneas y ponerla más diagonal a la hora de sombrear, que si cargaba la máquina podía pintar 1 cm. cuadrado de negro más o menos, cosas como esa, se me olvidó por completo cómo tenía que tomar la máquina. Entonces como la máquina tiene forma de pistola, yo la agarré como si fuera un arma y me acuerdo que me costó mucho hacer un trazo recto, pero cuando estaba terminando se me ocurrió tomarla como un lápiz y ahí todo fluyó, así que mi segundo tatuaje fue muy diferente al primero. Después yo le cubrí ese tatuaje a mi amigo y todo bien.

 

¿En qué estilo de tatuaje te especializas? No me gusta mucho encasillarme en un estilo, pero a mí lo que más me gusta hacer son ilustraciones. Me gusta que el trazo tenga movimiento y dinámica, que sea rico en cuanto a color y con contrastes, que las figuras y la gráfica que yo hago tengan una intención y que hable por sí mismo lo que yo planteé decir, por sobre todo que no por hacer mucho detalle y mucho color, se pase a llevar el mensaje importante. Tiene que haber un lenguaje rápido de entender primero para después darle una solución gráfica buena.

 

¿Quién es tu alter ego? Mira, puede sonar soberbio pero no tengo referente alguno y en realidad tiene que ver con la forma en la que yo veo la plástica. Siempre fui un niño muy solitario, por lo que logré desarrollar mi forma de dibujar y mi ilustración a partir de la creatividad que yo iba ampliando y que fui cultivando en el tiempo. Yo soy de Temuco y por ejemplo, había un puro canal de televisión y hasta los 10 u 11 años que viví allá, nos cambiábamos 1 ó 2 veces por año según el arriendo más barato que encontráramos. Eso fue algo muy positivo para mí, porque me hizo tener una escuela donde me encontré conmigo mismo y pude ir viendo mi propio desarrollo.

Nunca he tenido referentes del punto de vista del tatuaje tampoco, porque cuando yo empecé no me gustaba mucho estar al medio en las convenciones cuando se juntaban los tatuadores, porque lo único que hacían era hablar de nombres y de formas de aguja, de esta máquina o la otra y hablaban también de una parte teórica técnica que finalmente no tienen tanta importancia a la hora de encontrarse con uno mismo y saber tus limitaciones, por lo que traté de cultivar una forma mía de poder graficar sin tener mucha gente a la que mirar, especialmente porque nosotros somos artistas que trabajamos en base a la percepción visual entonces es muy difícil el no imitar si vemos algo que nos gusta. Hay artistas increíbles, pero lo ideal es que cada uno pueda desarrollar sus propios límites dentro de su argumento, eso es más rico que parecerse al mejor porque nadie determina si el más parecido a Paul Booth es el mejor en sombras o si el más parecido a Nikko Hurtado es el mejor en realismo. Yo creo que cada uno por sí solo es un mundo y ese mundo lo tenemos que aprovechar cada uno de nosotros como artistas y eso va a depender de la forma en la que lleguemos a él. Mientras lo vamos nutriendo más, más bueno podemos llegar a ser.

En cuanto a artistas visuales me gusta el trabajo de Hayao Miyazaki, es interesante porque hay un mensaje detrás de su trabajo y abarca mucho más que lo visual, también tiene un tema ideológico y de concepto muy fuerte y con mucha más presencia, lo que finalmente ayuda.

 

¿Qué crees que hace falta para que culturalmente este arte sea más valorado? Lo que yo veo es que técnicamente hablando, el tatuaje en Chile no tiene mucho que envidiarle al tatuaje en ninguna otra parte del mundo porque un buen tatuador chileno podría estar en cualquier convención internacional al lado de los mejores estando a la par. Ahora, lo que yo puedo criticar del artista inmediatista que se está generando hoy en día, sin hablar de su talento, porque se nota que tiene mucho talento, es quizás el dejar de mirar e imitar un poco a otros artistas para que en vez de eso aproveche su propia esencia tratando de inventar algo nuevo. El intentar dejar algo como un legado es importantísimo ahora que todo se ha hecho, porque por más que tú seas bueno en un estilo que crearon otros, nunca vas a llegar a poner un timbre, jamás te van a recordarte, sino que van a evocar a los que lo inventaron. Yo creo que la misión más allá de que técnicamente se pueda llegar a la perfección, tiene que ver con una riqueza en cuanto a la forma en que tú percibes las cosas, ya que más allá del detalle es más importante la intención, la sustancia que tiene lo que tú haces. Mientras sigamos haciendo cosas que inventaron otros, vamos a estar siempre en segundo o en tercer lugar. Falta autenticidad y deberíamos aprovechar que estamos en Chile comenzando a generar un sentido de hacer las cosas, logrando que digan “este tatuaje es de un chileno”, como lo que pasa en México en donde hay un montón de tatuadores que no podríamos decir si son peor o mejor que otros, pero que sí se nota que son de ahí y que si vamos queremos salir de ese país con un tatuaje autóctono, por sus trabajos en escalas de grises súper ricas y con detalles blancos, son ilustraciones que tienen un leguaje coherente.

 
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Contacto:
Estudio TattooRockers / Chile
 
marlon@tattoorockers.cl
 
Instagram: @tattoorockers

 
 
Por Dana Riffo / Fotos Dana Riffo

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