Pablo Berrios

Sep 29 • Tatuador de la Semana • 7218 Visitas

Uno de los pioneros del tatuaje en Chile que con un sello clínico indiscutible y que se puede experimentar desde el primer momento en que entras a “Tatuarte”, el estudio en el cual Pablo Berrios ha desarrollado durante años sus más impecables trabajos de blackwork y quien a continuación, nos cuenta de sus comienzos en el tatuaje mientras nos muestra parte de su trabajo.

 

¿Qué te motivó a ser tatuador? Hace 22 años tenía un amigo del barrio que comenzó a hacer tatuajes y fue este chico el que me motivó muchísimo a hacer lo opuesto a lo que él hacía. Él era absolutamente despelotado, un hippie del tatuaje y eso precisamente me hizo ver que lo que yo quería hacer era todo lo contario, quería tener una tienda y de forma profesional y, aquí estoy precisamente haciendo lo que me propuse. En esa época yo tenía 18 años.

 

¿Hace cuánto tiempo que eres tatuador? Llevo 22 años desde que comencé a tatuar, pero estoy establecido desde el año ´97.

 

¿Quién fue tu maestro? En esa época en Chile éramos muy pocos los que tatuábamos y todos estábamos empezando, tatuábamos en la casa y de forma muy precaria, ya que no teníamos siquiera internet como para poder adquirir los conocimientos que hoy sí están a la mano. Las pocas revistas que llegaban a Chile por lo demás eran carísimas y por lo mismo realmente era muy complicado avanzar. Todos los que partimos en esa época lo hicimos de manera totalmente autodidacta.

 

¿Cuál fue tu primera máquina? Bueno, primero tuve una máquina muy artesanal pero mi primera máquina pro me la trajo un amigo de Estados Unidos. Recuerdo haber sacado una hoja de una de las revistas de tatuaje que tenía y le dije “tráeme lo mejor que encuentres aquí”, no teniendo casi ni un peso y juntando hasta los vueltos para recibir esta máquina que ni siquiera sabía cómo sería ni mucho menos cómo montarla, ya que eran cosas que yo jamás había visto. Esa máquina fue una John Kappler.

 

¿A quién o qué fue lo primero que tatuaste? Me tatué a mí mismo en el brazo y mal la verdad (jajaja) eso ya está tapado incluso, porque fue para probar de qué se trataba esto e incluso no lo hice con una máquina sino que de la forma más artesanal posible: agujas amarradas, tinta y listo.

 

 

¿En qué estilo de tatuaje te especializas? Desde siempre la gente me conoció mucho por el tema tribal y desde ahí, he ido derivando en toda la onda polinésica y del blackwork. Ahora estoy haciendo mucho puntillismo que también me acomoda un montón.

Pero pese a eso no estoy cerrado a hacer otro tipo de tatuajes porque, aunque no me lo piden siempre, cuando tengo la posibilidad de hacer trabajos en color y con harto detalle lo disfruto un montón, pues tengo ganas de desarrollar otras cosas también.

 

¿Quién es tu alter ego? Tengo muchos artistas que me gustan, pero pese a que es una difícil respuesta los que siempre que veo logran volarme la cabeza son Gerhard Wiesbeck, Vincent Hocquet y el opuesto en el estilo de estos dos alemanes es Nico Hurtado, que tiene trabajos increíbles.

 

¿Qué quieres provocar entre tus clientes cuando terminas un tattoo? Quiero que se vayan felices, nada más. De hecho uno de mis fuertes es el tapar otros tatuajes y sin duda es donde más se puede ver el cambio de ánimo de un cliente, llegando desanimados y saliendo felices. Eso es lo que más me llena y creo (y espero no estar equivocado) que el 100% de los tatuadores busca eso también, el hacer felices a sus clientes pues más allá de lo obvio del tener que lucrar con este oficio porque debes vivir de él y que te permita mantener un buen lugar para recibir a tus clientes, lo que más te llena al final del día es recibir sonrisas y satisfacción por tu pega hecha. Yo creo que es un gran privilegio el que tenemos los tatuadores de poder hacer felices a otros.

 

¿Qué crees que hace falta para que culturalmente este arte sea más valorado? Yo la verdad es que no creo que esté tan mal visto el tatuaje en sí y tampoco lo he vivido, antiguamente era evidente porque era cosa de que te fijaras un poco de cómo te miraba la gente en la calle pero sólo eso. Yo ya tengo una hija de 12 años y voy a buscarla al colegio y nadie me mira mal ni mucho menos. Entonces ciento que culturalmente ya no hay problema al respecto, pero lo que si encuentro que hace falta es a nivel gubernamental mayor fiscalización de los lugares en los que se tatúa, porque probablemente de ser así no habría tanta gente tatuando. No estoy en contra de que hayan nuevos tatuadores, todo lo contrario, he conocido a chicos que llevan re poco tiempo tatuando y hacen cosas realmente bonitas mientras los ves y dices “Guau! De dónde salió este pendejo, se pasó”, pero en el fondo si no hay un reglamento efectivo (no como el que hoy tenemos, que sinceramente no sirve de nada) no podemos avanzar en ser pros. Eso es lo que realmente nos haría marcar un punto aparte para que la gente se de cuenta que esta es una profesión de verdad muy sería, porque cuando te haces un tatuaje y no se toman las medidas de higiene apropiadas o si no se tienen los conocimientos necesarios para poder hacerlo te puedes mandar un tremendo condoro. Entonces ese es uno de los factores que haría que el mundo del tatuaje en Chile cambiara un montón.

 
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Contacto:
Estudio Tatuarte / Chile
 
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