Pablo Esquivel

Nov 26 • Tatuador de la Semana • 4945 Visitas

Tatuador de corazón hace 7 años y oriundo de Calera, Pablo Esquivel crea hermosas piezas de tinta potenciadas por la serenidad que la brisa del mar transmite. Su espíritu curioso e intrínseca necesidad de aprender y hacer, fue lo que lo llevó a elegir este apasionante oficio que hoy desempeña en su estudio De Corazón Tattoo en la ciudad del reloj de flores. A continuación nos cuenta sobre sus inicios, su visión sobre el tatuaje y el importante sentido del compartir.

 

¿Qué te motivó a ser tatuador? Es una pregunta muy difícil para un tatuador, porque no es sólo una cosa la que te lleva al tatuaje sino que son un montón de factores. Estaba el deseo de aprender a hacer cosas con mis manos siendo libre, sin tener ataduras ni un jefe. Estuve estudiando diseño y también partió de mi necesidad de aprender y hacer. También desde muy chico me llamó la atención la gente tatuada que en ese tiempo no era mucha y tampoco eran muy bonitos los diseños que llevaban, pero aún así me era tremendamente atrayente porque era igual fuerte ver un tatuaje medio canero y notar que a su vez quien lo llevaba eran personas medias marginales, pero eso era precisamente lo que me gustaba. Creo que ese fue mi primer enganche.

 

¿Hace cuánto tiempo que eres tatuador? Cuando tomé la decisión de comenzar a tatuar yo ya estaba tatuado y en un momento dije “qué tanto, agarro la máquina y yo también voy a empezar a tatuar”. De eso ya han pasado hartos años.

Yo soy de dividir por etapas mi proceso de todos modos, porque al principio comencé con mi primera máquina la que compré aproximadamente hace 9 años, pero el haber tenido esa máquina no me convertía en un tatuador necesariamente. Claro, la tenía y tatuaba a una par de amigos una vez al mes, pero un tatuador real y profesional no hace eso. Entonces recién hace 7 años que soy y me siento tatuador como tal, cuando ya me había puesto a trabajar en un estudio de tatuajes muy pequeñito y humilde en Calera, de la ciudad de donde yo provengo, en donde comencé a estudiar el tatuaje tradicional y el japonés, junto a la metodología que debe tener un tatuador para poder desempañarse seriamente. La disciplina, el orden, el apreciar las cosas y ver el arte fue en lo que empecé a desenvolver y a poner mis fuerzas al estar en ese lugar.

 

¿Quién fue tu maestro? En un comienzo fue autodidacta totalmente, imagínate yo estaba en Calera en este estudio con un amigo que hacía piercings. Eso fue al principio, pero a medida que pasa el tiempo uno va conociendo personas que también vienen con otras ideas y visiones, pese a que podamos hacer el mismo estilo de tatuajes, porque vieron cosas que yo no vi y por ahí yo conocí cosas que ellos no conocieron y es precisamente ahí, cuando nos encontramos y compartimos esas experiencias diversas es cuando me he ido fortaleciendo en mi trabajo y en mi estudio del mismo. En ese camino creo que los más importante han sido Freddy Ampuero (Chile), Hugo Hab (Argentina), Diego Azaldegui, entre un gran número de personas que he conocido y con las cuales hemos armado un grupo bastante interesante.

 

¿Cuál fue tu primera máquina? Había un chico chileno que trabajaba en España y él trajo unas máquinas, que definitivamente no estaban buenas (jajaja) y que compré ya hace 9 años atrás. Con esas máquinas comencé a intentar tatuar de alguna manera porque enganché con ellas, pero después te vas dando cuenta que el trabajo va pidiendo cada vez más y si tu trabajo no lo hace, es porque algo te está pasando y no te deja avanzar, algo estás haciendo mal, tú mismo te das cuenta que tu material no tiene la fuerza suficiente ni la precisión y te va quedando chico y ese es un síntoma espectacular que sucede, porque es ahí donde te vas dando cuenta que vas avanzando de alguna manera.

Nunca supe la procedencia de esas máquinas súper mal soldadas (jajaja) pero uno no sabía, mucho menos existía una guía de “ésta es una buen máquina” e incluso yo creo que ahora una máquina china es mejor que la que yo tenía, 100% (jajaja). Pero fue romántico, me apañó y aún la tengo, aunque algo desarmada pero si le pongo un par de piezas puede que funcione nuevamente.

 

 

¿A quién o qué fue lo primero que tatuaste? A mí mismo y me hice un tribal en la pierna que aún tengo. La idea la saque de una carátula de los Cadillacs donde aparecían unos tribales, entonces mezclé un par y salió éste diseño. Fue hecho completamente con agujas de 3 soldadas por mí, que si lo lleváramos a la actualidad equivalen a una aguja de 14 (jajaja). Me demoré mucho rato, unas 9 horas pero lo logré y ahora está tal cual, nunca lo he retocado y está bastante bien.

Antes de eso yo ya estaba bastante tatuado entonces traté de reproducir lo que había visto en las personas que me habían tatuado, como el montar la mesa y aplicar el color. Por lo menos estaba más avanzado de quienes comenzaron a principios de los 90, así que no me quejo (jajaja).

 

¿En qué estilo de tatuaje te especializas? Me dedico a hacer japonés y tradicional, pero más que nada japonés ya que el tradicional lo utilizo como complementar porque no toda la gente quiere un tatuaje japonés, así que voy jugando y mezclando esos estilos. Me entretiene mucho hacerlo pero mi pasión es el japonés.

 

¿Quién es tu alter ego? Hay mucha gente y artistas en particular que motivan, pero más que un referente en general lo que realmente me inspira es el juntarme con mis amigos a conversar. Cuando estás con tu grupo de amigos y hablas de tatuaje y de la vida, ya al compartir te vas enriqueciendo en la manera de ver las cosas. Creo que es eso, el compartir es lo que más me motiva. Poder viajar a ver a mis amigos es lo que me llena, porque referentes del tatuaje tengo y son muchos, a la mayoría no los conozco y tal vez nunca los conozca, igual es rico ver sus obras pero es distinto.

 

¿Qué quieres provocar entre tus clientes cuando terminas un tattoo? Sólo que sea natural, no espero nada más. Que manifieste lo que quiera manifestar porque yo ya tengo mi autocrítica hecha.

Obviamente si la gente sonríe y todo, es mejor pero toda la gente es diferente y todos reaccionan de forma particular ante algo que les gusta, unos son más fríos, otros son más exagerados y está bien, eso depende de cada uno.

Pero insisto la autocrítica es lo más importante al finalizar un tatuaje para poder mejorar al siguiente tatuaje y por más que el cliente esté ultra contento la autocrítica es lo primero que está hecho.

 

¿Qué crees que hace falta para que culturalmente este arte sea más valorado? Es complejo dar un diagnóstico del estado del tatuaje, porque no me manejo en muchos círculos de tatuadores como para poder ver cómo lo perciben y ven ellos también. Tengo mi grupo de amigos y conocidos que más menos tenemos una visión similar del tema, pero cuesta hacer un juicio concreto si no conozco el total de lo que está abarcando el tatuaje por estos días. El tatuaje no es sólo la visión de uno, hay un montón de formas de verlo que claro pueden que me gusten o no, pero ese es otra cuestión.

Tal vez el culturizar a la gente sea más fácil porque es tarea de nosotros mismo, pero depende mucho de cada tatuador el tener buenas conversaciones con sus clientes porque hay veces en las que llegan personas que están muy perdidas respecto a lo que quieren, entonces uno puede ir guiándolos. Finalmente depende más que todo de nosotros como tatuadores el hacer clientes más exigentes y conscientes.

De pronto el culturizar a los tatuadores y a los chicos que están empezando es más complejo ya que no hay una verdad absoluta en este arte. Valoro la diversidad aunque a veces no comparta algunas cosas.

También habrá cultura del tatuaje mientras haya difusión del mismo al mostrar cosas serias e interesantes, gente que trabaja bien y mientras esas personas aparezcan existe un respaldo y no se distorsiona el camino que realmente está tomando el tatuaje.

 
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Contacto:
Estudio De Corazón Tattoo / Chile
 
decorazóntattoo@gmail.com
 
 
Por Dana Riffo / Fotos por Griz
 
 

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