Pablo Verdugo

Nov 6 • Tatuador de la Semana • 3349 Visitas

Luego de empaparse con el arte oriental al regresar de su viaje a Japón, nos encontramos con Pablo Verdugo quien con una asombrosa dedicación y amor por lo que hace, nos hizo parte de su notable trabajo en el mundo de la tinta y nos contó acerca de sus aspiraciones a futuro, en las cuales por supuesto está el seguir instruyéndose dentro del estilo oriental, sin dejar de lado el arte que lo ha vuelto conocido hasta ahora, el Neo Tradicional. A continuación, nos cuenta sobre sus motivaciones que lo llevaron a tatuar y principalmente el apoyo entre sus pares, lo que fue claramente lo más importante para él y que se convirtió en uno de los pilares fundamentales a la hora de desarrollarse como tatuador.

 

¿Qué te motivó a ser tatuador? La primera vez que vi a alguien tatuarse en vivo fue cuando era chico, tenía como 10 años. Mi hermano y mis primos se tatuaban con maquinas hechizas y nunca los había visto porque lo hacían oculto de los niños. Fue una vez que estábamos de vacaciones y a los hermanos medianos los dejaron encargados de los más chicos como a la hora después de almuerzo. Estábamos en Coquimbo y mis primos y hermanos tenían una amiga allá, mi hermano tenía un tribal inconcluso y ella le dijo que tenía un amigo allá que tatuaba y fuimos a la casa de él. Fue la primera vez que vi cómo se hacía un tatuaje, a la forma de él, que pescó un alfiler, le saco la cabeza, le puso un poco de alcohol, aplicó algo de fuego y listo. Me llamó la atención pero nunca fue algo a lo que pensé que me quería dedicar.

Después cuando me puse a estudiar diseño publicitario fue que conocí a Alex Silva, quien tatuaba. Éramos compañeros de estudio y a él le preguntaba hartas cosas, porque me interesaba saber más sobre el tatuaje y aprender. Ahí empecé a verlo más profesional.

 

¿Hace cuánto tiempo que eres tatuador? Llevo 5 años.

 

¿Quién fue tu maestro? Por Alex conocí al Jaco Abarca que es como mi maestro. Yo con él aprendí todo lo que sé en cuanto al tatuaje.

En un principio ellos estaban en una tienda pequeña buscando un local que actualmente es la “Daga Negra”. Yo venía a verlos y después entré como aprendiz y ahí fue cuando empecé a tomarlo con mayor seriedad y decidí que era a lo que me quería dedicar. En ese entonces ya había empezado a tatuar en mi casa, pero venía a aprender con ellos, les preguntaba cosas y después de eso comencé a tatuar en la Daga Negra, lo que facilitó que me corrigieran errores. Me entregaron mucha información que a ellos les había tomado bastante tiempo entender, pero a mí me la dieron de manera más selecta. Igual con el tiempo uno siempre sigue aprendiendo, sirve como a modo personal, pues después llega el momento en que uno comienza a seguir su propio camino y te vas dando cuenta qué cosas te acomodan más a ti, qué estilo se asemeja más a tu trabajo, a qué estilo quieres llegar.

Al comienzo me faltaba mucha seguridad en mi trabajo, pero con el tiempo me fui dando cuenta que es necesario cometer errores y que nunca voy a quedar conforme del todo con lo que hago, por lo que sólo queda disfrutar el viaje, el momento que estás viviendo ahora, no intentar llegar a un punto si no recorres el camino para llegar.

Mi proceso de aprendizaje siempre fue grato porque con el Jaco somos súper amigos, entonces siempre estaba la amistad y a la vez el respeto a todo lo que él sabe y con su trabajo. Cuando yo terminaba de hacer un diseño se lo mostraba para que me comentara y siempre le pedía que me dijera todo lo que pensaba, aunque encontrara que estaba todo mal porque eso era realmente lo que a mí me servía. No me servía que me dijera que estaba todo bueno cuando lo que yo quería era aprender y no hay otra forma mejor de hacerlo que viendo los errores. A veces era fuerte pero nunca dejando de lado que éramos amigos.

 

¿Cuál fue tu primera máquina? La primera máquina que tuve fue una que le compré a un conocido que tenía una como un ladrillo, que no tiene muchas variables en el voltaje y que tiene como los números marcados. Era una máquina china, con un pedal y el clip cord como para empezar, pero esta máquina no funcionaba muy bien así que la lleve donde el Doctor Tattoo para que me la arreglara y me dijo que definitivamente era mejor cambiarla.

Así que la primera máquina que al final empecé a usar fue la que le compré a él. En ese tiempo yo trabaja de empaque y junté las monedas para comprarme esa máquina y el mismo día, llegué a la casa de mi primo y la probé conmigo mismo, ahí hice mi primer tatuaje.

 

 

¿Qué fue lo primero que tatuaste? Ese primer tatuaje fue una flor que ahora está horrible. Igual tracé sólo las líneas, no tenía máquina para pintar y tampoco sabía cómo hacerlo, la verdad es que nunca lo había intentado, así que me hice las líneas no más y ahí quedó. Después con el tiempo había pensado en terminarla, pero pensé que no tendría sentido porque perdería su historia, para mí es importante porque es mi primer tatuaje, entonces no me gustaría taparlo. Es horrible y una pena, pero me gusta tenerlo (jajajaja).

 

¿En qué estilo de tatuaje te especializas? No es que yo busque encasillarme en algún estilo, pero según lo que yo hago, los referentes que yo veo y el tatuaje que a mí me gusta van en una dirección. Últimamente he estado estudiando más el estilo japonés porque he hecho algunos trabajos, pero ya decidí seguir en este estilo. Me falta mucho por aprender, pero debía empezar. Cuando comencé hacía algo más tradicional porque, no quiero decir que el tradicional sea más fácil porque es súper complejo hacer algo resumido que refleje lo que quieres hacer o decir, pero en un principio lo hacía por un cuento de que el dibujo que yo hacia era más simple. Después con el tiempo, viendo, aprendiendo y poniéndome metas hacia dónde quería llevar mi trabajo, se fue desviando a distintos lados. Comencé a hacer cosas más elaboradas con un poco más de detalle que coincide con el neo tradicional. En realidad lo que yo hago es mi forma de ver las cosas, por ejemplo, si hay algo que tengo que hacer y que no he visto jamás, me gusta igual ver imágenes, videos, tratar de entender el movimiento natural de, por ejemplo animales y cosas así.

Lo que yo hago es mi forma de interpretar las cosas, de cómo capto la información, cómo la proceso y después cómo la dibujo, pinto o tatúo.

El japonés y el neo tradicional es lo que más me llama la atención. El tradicional lo encuentro muy bonito, me gusta mucho, pero ahora me costaría mucho hacer algo tan simplificado.

 

¿Qué crees que hace falta para que culturalmente este arte sea más valorado? Falta un poco de educación en cuanto a lo que es el tatuaje, bueno en muchos aspectos de la vida la verdad, pero yo considero con el poco tiempo que llevo que hay harta gente que está empezando y que es súper buena, que les gusta el tatuaje y se esfuerzan, lo que es lo único que tiene que importar. Mientras hayan personas que se esfuercen y le den dedicación al tatuaje, yo creo que va a ser valorizado de mejor manera.

Hay mucha gente que está empezando en el tatuaje y es motivante que esto suceda, de retroalimentarse con otros conocimientos, como ellos aprenden. De todo el mundo aprendemos y de todo nos podemos complementar. Siempre está esa opción de poder enseñar algo y poder aprender algo. Esa es la única forma en que puede evolucionar el tatuaje en Chile, que no sea tan hermético, siendo que si alguien está realmente interesado en aprender puede intercambiar conocimientos, porque uno no está encapsulado trabajando solo.

Lo primordial es no juzgar el trabajo ajeno, porque en el fondo son todas interpretaciones de distintas personas y va en el gusto de cada uno, no hay ninguna verdad absoluta, somos distintos mundos, visiones, vidas, todos tenemos diferentes historias de cómo apareció el tatuaje en nuestras vidas y el porqué nos dedicamos a ello.

En el fondo el tatuaje es un camino lento y así mismo va evolucionando en Chile, a medida que los tatuados van prosperando, pero es un proceso lento.

A veces llegan clientes que no les gustan los precios o esas cosas, pero está el factor de que es algo que vas a llevar en tu piel por el resto de tu vida y no es que uno cobre caro, sino que uno cobra lo que siente que vale su trabajo, por todo el tiempo que se le dedica, por los materiales, porque hacer un tatuaje no es hacer algo que se hace por las dos horas que se realiza en sí, sino que tiene un estudio previo, de dibujarlo, de traducir lo que te piden, de estar pensando horas en cómo resolver el tatuaje, entonces no es que uno esté pensando sólo en el tatuaje cuando lo estás realizando. Por lo mismo hay que cobrar según lo que vale una pieza.

 
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Contacto:
Estudio La Daga Negra / Chile
 
pablo@ladaganegra.com
 
Instagram: @pablo_verdugo

 
 
Por Dana Riffo / Transcripción Cami Avendaño / Fotos Dana Riffo

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