Vicente Ibáñez

May 26 • Tatuador de la Semana • 4994 Visitas

La tinta tira y eso lo tiene más que claro el destacado tatuador Vicente Ibáñez quien, siendo parte de los mayores estandartes del tatuaje en Chile, de forma inexplicable desde siempre supo que el tatuaje sería su vida y su gran pasión. A continuación nos cuenta sobre sus inicios y lo mucho que lo ayudó en su carrera el estar siempre atento a lo que sucedía a su alrededor, aprendiendo desde maestros del tatuaje hasta de los más incipientes aprendices.

 

¿Qué te motivó a ser tatuador? Más que existiera algo en especial que me haya motivado, el tatuaje en verdad siempre me gustó entonces es difícil atribuirlo a una cosa en particular… Como que llegó no más. Desde niño me llamó demasiado la atención, por lo que faltaba al colegio para ir a las pocas tiendas que existían para mirar y me quedaba pegado viendo como tatuaban. No sabría explicar cómo surgió porque fue algo que siempre estuvo en mi subconsciente y que me motivó desde muy, muy chico. Además hace 20 años atrás en Chile el tema era muy poco común, era todo muy misterioso y habían bastantes cosas por descubrir por lo mismo creo que captó tanto mi curiosidad.

 

¿Hace cuánto tiempo que eres tatuador? Empecé cuando aún estaba en el colegio, tenía unos 15 ó 16 años pero igual pasó un tiempo para que pudiera armarme bien, por lo que tuve que partir de a poco . Tatuaba en mi casa y claro fue un proceso largo de aprendizaje en el cual me sirvieron de lienzos todos mis compañeros de curso (jajaja), eran como 35 y absolutamente todos se quisieron tatuar. Es que aparte en esa época era súper novedoso no como ahora, era una locura hacerse un tatuaje, algo totalmente fuera de lo común.

 

¿Quién fue tu maestro? La verdad es que un maestro como tal no lo tuve, porque he sido bastante autodidacta en mi aprendizaje. Me he educado más que nada en mis viajes y estando en Chile también, absorbiendo conocimientos de todos. Uno nunca deja de aprender y he aprendido de un montón de gente en realidad, aprendes de tus compañeros y también de la gente que recién está empezando, de todos.
Me fui a los 18 años solo a España y ahí tuve la oportunidad de compartir con varios tatuadores que me ayudaron a salir un poco de mi encierro de acá, porque había tan poco conocimiento y llegaban tan pocas cosas a Chile que literalmente era lo que había y con eso te tenías que quedar y por lo mismo te estancabas también. Abrí un montón mi mente, aprendiendo un muchas técnicas y visiones involucrándome mucho más allá con el tatuaje y entendiendo que no tenía que ver sólo con pescar una cosa y reproducirla, sino que va mucho más allá.

 

¿Cuál fue tu primera máquina? Mi primera máquina me la compré en una gira de estudios anticipada que hicimos en mi colegio en 2º medio. Nos fuimos a Brasil y cuando llegamos lo primero que hice fue ir a un estudio de tatuajes y gastarme toda la plata que llevaba en una máquina (jajaja). El acuerdo con mis compañeros era el siguiente: ellos debían mantenerme durante toda la gira y yo a la vuelta los tatuaría a todos gratis. En ese momento yo creía que era una máquina súper profesional pero después me di cuenta que eran unas simples latas dobladas y hechiza por donde la vieras.

 

¿A quién o qué fue lo primero que tatuaste? Me acuerdo perfecto a quién, porque hasta el día de hoy me huevea por lo que le hice (jajaja). Mi primer tatuaje que hice fue en un amigo y no quedó como tatuaje, porque yo estaba totalmente nervioso y le tiré unas 3 rayas en la espalda que quedaron como rasguños y dijimos ”Mmm, quizás sea por el lugar, intentémoslo en otra parte ☺” así que lo pesqué y le hice una especie de tribal que parece tenedor en la pierna (jajaja). A ese amigo después lo seguí tatuando con el compromiso de que él me prestara su piel y cuando yo aprendiera bien lo iba a tatuar gratis. Lo raye entero con puras cagadas, pero seguimos siendo amigos (jajaja).

 

¿En qué estilo de tatuaje te especializas? Más que decir que me especializo en un estilo u otro, en el fondo me baso un montón en hacer trabajos de tradicional americano y japonés tradicional. No pretendo ser uno más de los que nació hace un montón de años atrás porque sería imposible, sino que trato de utilizar las bases de esos dos estilos en un trabajo que tenga que ver conmigo y lo que desea el cliente. Intento rescatar también el trasfondo, eso que pasaba cuando partí, el poder conectarte con la persona a la que tatuarás, vivir el presente y que eso quede, más que cualquier despliegue de un sin fin de cosas. Lejos, pretendo que la conexión que se crea tenga un buen resultado para mí y para mi cliente con una pieza que quede y signifique en sí mismo para mucho tiempo más, se trata de eso al fin y al cabo.

 

 

¿Quién es tu alter ego? Tengo muchos, millones! De hecho tengo tantos que muchas veces me confunden un poco en cómo plantear mi trabajo (jajaja). Son un montón de influencias y de raíces, creo que podría nombrar 1.500 distintos tatuadores fácilmente (jajaja), pero puedo nombrar a los más importantes para mí como Ed Hardy quien se encargó de modernizar toda la raíz del tradicional americano mientras planteaba el tatuaje de una manera más atrevida y jugada. En cuanto al tradicional japonés quien me impactó profundamente fue Horiyoshi II y III, simplemente me encanta. Tengo un montón de influencias que claramente no me gustaría seguir al pie de la letra sino que las uso a mi criterio y beneficio.

 

¿Qué quieres provocar entre tus clientes cuando terminas un tattoo? Lo que estoy intentando hacer con mi trabajo es que sea un tatuaje que permanezca a través del tiempo, que dure para siempre más allá de que sea momentáneamente taquillero sino que signifique algo más, que tenga más peso que eso en el fondo. Esto se basa en dos partes: mi cliente y yo y, mientras las dos aristas podamos comunicarnos será mucho más fácil llegar a un buen resultado para los dos perdurando en el tiempo con un significado con mayor importancia. La mejor combinación es que el resultado exprese lo que esa persona quería mientras tú tuviste la libertad para guiarlo a que simbólica y técnicamente sea percibido como se deseaba.

 

¿Qué crees que hace falta para que culturalmente este arte sea más valorado? Yo creo que el camino de cierta forma es como obvio, por lo mismo se está dando el respeto y el conocimiento sobre el arte corporal en diversas áreas como la moda y los medios, especialmente en el extranjero, pero en términos de Chile lo que aún necesitamos es que este “saber” se conjugue con lo que comenté antes sobre el “sentir diferente”, porque va más allá de sólo mostrar un tatuaje y de que sea taquillero, sino que tenga un trasfondo importante para cada persona y logre ser proyectado tal cual. Sin duda si esto ocurriera y la gente se concientizara en ello sería un momento ideal para este arte, permitiendo que las cosas funcionen de buena manera. Para llegar a ese nivel también se trata de un trabajo en conjunto siendo considerado desde el lado del tatuado como de parte del tatuador, sabiendo siempre lo que te vas a tatuar y del por qué lo harás mientras que tu tatuador pueda guiarte sobre cuál es la forma más adecuada de conceptualizar lo que quieree.
Creo que de todas formas vamos bien encaminados, sólo nos falta evolucionar un poco más en este tema puntual.

 
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Contacto:
Estudio Nuestra Familia / Chile
 
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Instagram: vicente_ibanez

 

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